Y, ciertamente, eso es lo que ha sido, una maravillosa sorpresa, tanto por el cumplimiento, con creces, de mis objetivos iniciales, como por las extraordinarias personas que he conocido, o a las que he vuelto a “reconocer”, toda vez que el Grupo A, nuestro cariñosamente ya denominado “Grupo A”, lo formábamos 11 compañeros y amigos, todos componentes de nuestro Coro del Hospital Universitario de La Princesa. Un pequeño coro en miniatura pues éramos 2 bajos, 3 tenores, 2 sopranos y 4 contraltos.
Al margen de los inconvenientes, todos ellos salvables, y dados por banales, pues creo que fue la semana con más calor de entre las que llevamos de este ardiente verano, y que estábamos fuera de casa, prácticamente desde las nueve de la mañana hasta casi las ocho de la tarde, el resto, fueron todo ventajas, incluso el “calorcillo” que hacía en las aulas y en el espectacular escenario del Aula de Música del Colegio de Basilios donde se impartió el mismo,
Llegamos el primer día un sábado por la mañana, expectantes y con cara de susto, por el lugar donde nos habíamos atrevido a meter, al escuchar unas voces maravillosas, y que en principio, iban a aprender, algunas de ellas apenas niñas… aunque pertenecieran a otros dos grupos más avanzados, (¡cielos!, ¡cuando nosotros ni siquiera sabíamos respirar bien!); todo se fue calmando a medida que los profesores nos fueron explicando en qué iba a consistir el curso, y cómo, de entrada, nos acogieron de una manera muy especial; éramos parte del Coro que dirige Carlos Rojo, y él nos había recomendado muy especialmente el curso; máxime cuando ellos mismos, confesaron después, que no sabían muy bien con quienes se iban a encontrar, pero que en cuanto nos vieron intuyeron que seríamos un grupo, cuanto menos, original.
La semana larga que ha durado el curso, ha estado plagada de numerosas anécdotas, entre ejercicios, ensayos, risas, sudores e incluso lagrimas irreprimibles en las despedidas, y que sería prolijo de contar, pues necesitaría de varios folios. Y que culminó en un delicioso concierto celebrado el 25 de julio en el Auditorio del Aula de Música, del que pudieron disfrutar, numerosas personas, compañeros y amigos, casi tanto como nosotros mismos.
Jornadas de trabajo intenso, pero también de amenas comidas, reunidos en un pequeño mesón muy agradable y cercano al Aula de Música, momentos gratificantes, compartidos, que nos han hecho acercarnos y conocernos, incluso más, a pesar de que algunos somos amigos desde hace ya muchos años, y que nos han unido de manera muy particular. Ciertamente, ha sido un curso intensivo e intenso de aprendizaje, pero creo que, además de haber aprendido muchas cosas, de haber descubierto registros inexplorados en nuestras voces, todos nosotros, y me consta que puedo hablar en nombre de todos mis compañeros, nos hemos encontrado con unas personas de enorme calidez humana, además de excelentes profesionales, que nos han hecho pasar unas jornadas extraordinariamente gratas y con los cuales hemos experimentado infinidad de cosas; pero será a partir de ahora, el momento de empezar a desarrollar y poner en práctica.
Nuestro máximo agradecimiento a Lola, Begoña, Santiago y Manuel, de los que fue muy difícil despedirnos. Pero a los que ya consideramos como a nuestros amigos, y sabemos que estarán siempre ahí, y también como no podía ser menos, a todos los componentes de los demás grupos B y C, que nos han hecho sentir parte de una pequeña familia, y enhorabuena por sus voces, porque si buenas eran ya el primer día, el día del concierto fueron prodigiosas.
Una hermosa y gratificante experiencia, que sin duda se volverá a repetir.
¡Es lo que tiene la música! Un constante aprendizaje.
Con mi cariño.
Pepa Rivera Donoso